Una gran pantalla blanca pasa frente a sus ojos. Como un camión-trailer demasiado largo, o el trailer de una película demasiado aburrida. Mentira que entonces se vea la propia vida en flashes, es un solo flash que no contiene un huevo. Nunca puede cruzar esa calle ni salir de ese cine.
Se tatuó en la frente cuanto sigue: puto el que lee. Así es que practicaba la homofobia con todo aquel que lo mirase, porque eso del sexo al revés, decía, nomás no le entraba en la cabeza. Al llegar a su casa, empero, se autoflagelaba. Eel euq le otup, eel euq le otup, repetía con cada latigazo, como macho, frente al espejo del baño.
Un invidente sostenía un cartel donde se leía: Soy ciego, una limosna por favor; pero entonces tuvo una visión -o algo similar- con fines de lucro y lo reescribió: Hoy es un día precioso, pero yo NO puedo verlo. La gente no le dio más nada porque -ya era hora- no soportaba la cursilería.
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Basado en el cortometraje Una limosna por favor, participante del Festival Jameson de cortos de treinta segundos. En www.notofilmfest.com
Una vez más, el flautista de Hamelin hizo su entrada triunfal. Salvó al pueblo de no sé qué plaga. Como se acostumbra, no le abonaron la cuenta, por lo que reunió a los niños del pueblo y, obsequiándoles sendas flautas, fue él quien marchó atrás o en el medio, adelante, eso qué importa: tenía audífonos.
Las doñas se declararon hartas ya de que su voz no se escuchara y que, hasta simbólicamente, al género lo asociaran con actividades serviles.
Organizaron un cacerolazo.
Da un paso al costado, pero no lo termina. Un muro traslúcido se lo impide, y en cualquier dirección es lo mismo. Palpa soñando la grieta, que no existe. Desespera y grita. Peatones en cantidad, todos sordos. O la caja es a prueba de sonido. Éstos le arrojan metálico. ¿Para qué?, se pregunta, y cerca del final lee labios ajenos que lo apuntan:
-Allí, hijo, eso se llama mimo.
Domar uno no es empresa fácil, anunció a los espectadores; pero luego, como un titiritero, picó y ellos se rascaron ahí, justo donde nadie veía hilos. La pulga ganó mucho dinero con el circo de humanos.
La última gota es, aparte de un weblog, una fotocopia poético-urinaria. Porque nadie se detiene a leer nada en paneles de pasillo. Porque el baño es el último recinto del pensamiento lúcido. La adhieres sobre los mingitorios o en el reverso de las puertas del inodoro -a la altura de persona sentada-. Están disponibles para bajarlas, imprimirlas, dibujarlas, focopiarlas y pegarlas en sanitario cualquiera.