El dinoplatívolo y Augusto Monterroso
Siempre pensé que ningún autor de minificción que tuviera una pizca de vergüenza se pondría a escribir otra versión más de El dinosaurio del guatemalteco. Por eso me asombré de que, cuando desperté, ese horrible texto todavía estaba allí... y más allá también, algún infeliz hizo fotocopias mientras yo dormía. Lo que decía era el colmo:
Cuando despertó, ese tal Augusto todavía estaba allí. Por lo tanto, se desperezó y lo devoró. Los dinosaurios, al igual que los escritores de minificción, no se andan con rodeos.

kurupicho dijo
ya era hora, chera'ato...salute-i paraquarensis
28 Mayo 2006 | 04:09 AM