Coca
La última Coca-Cola del desierto observó incrédula cómo caía sobre el mundo una nueva glaciación. Su autoestima cayó al suelo, ahora cubierto de nieve, desde donde un oso polar la agarraba, destapaba, ponía cara de imbécil, la bebía y se deslizaba contento entre muchas otras Coca-Colas y osos polares. El mundo ya no tenía sentido. El director gritó corten.
