Una vez más, el flautista de Hamelin hizo su entrada triunfal. Salvó al pueblo de no sé qué plaga. Como se acostumbra, no le abonaron la cuenta, por lo que reunió a los niños del pueblo y, obsequiándoles sendas flautas, fue él quien marchó atrás o en el medio, adelante, eso qué importa: tenía audífonos.

recomendasiones para mi como se puedes mejorar en este camino a la vida